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Los orígenes de este pueblo y de su cultura están tan arropados en la antigüedad
que resulta difícil decir cuándo y dónde comenzaron. Lo que sí está confirmado
es que “yoruba” es una denominación básicamente lingüística,
diferenciada de los demás dialectos del continente africano. Es, además, el
término que identifica a todas las tribus que hablan esta lengua. Según algunos
especialistas, los yorubas comenzaron un movimiento migratorio desde África
Oriental a través de una ruta trans-africana hasta el Níger Medio. En este
sentido, afirman que hace dos mil años o más el clima y la vegetación debieron
ser más suaves y acogedores para los viajeros que hicieron esta ruta y que
trajeron consigo sus creencias y cultura. Esta afirmación ha sido corroborada
por hallazgos arqueológicos.
De acuerdo con la tradición africana este grupo estuvo dirigido por el rey
Oduduwa quien se asentó de modo relativamente pacífico en esta zona y en la ya
existente ciudad Ilé Ife. También esta tradición nos cuenta que todos los
descendientes de Oduduwa se convirtieron en reyes y reinas de los nuevos
territorios tomados. El descendiente más importante fue Oranmiyán
(llamado Alafin o regente del estado), quien convirtió a Ilé Ife en una ciudad
sagrada y a Oyó en sede del gobierno.
Desde el punto de vista religioso los yorubas llamaban a sus dioses,
orichas.Cada oricha estaba vinculado a una aldea; se trataba de cultos locales
que reflejaban la autonomía de cada región, característica del estado tribal.
Así, dentro del territorio yoruba; se adoraba a Changó en Oyó, a Yemayá en
Egba, a Oggún en Ekití y a Ochún en Ijebú. Sin embargo, había algunos cultos
que abarcaban a toda la zona, como el culto a Obbatalá y a Oduduwa, reyes
históricos vinculados a la fundación de Ilé Ife (ciudad sagrada), de quién
todos los yorubas se consideran descendientes.
Este proceso compactó más la homogeneidad lingüística y un mismo reconocimiento
histórico de sus antepasados fundadores y a la ciudad de Ilé Ife como el centro
de la civilización yoruba.
Los hallazgos escultóricos hacen suponer que entre los siglos X y XIII el
territorio de Oyó se extendía desde la Ghana actual hasta más allá del Valle
del Níger, y es en estos siglos donde alcanza su mayor esplendor. Con una
economía agrícola basada en el cultivo de la calabaza, el sésamo, el plátano,
el ñame, el algodón y el aceite de palma; con una actividad comercial de largas
distancias y bien normada, pues se ha demostrado que los comerciantes
concurrían a los mercados en días alternos para contrarrestar la competencia.
Así mismo, un desarrollo de la artesanía y un altísimo nivel del arte en bronce,
con figuras de una factura clásica y realista que atestiguan el gran
desarrollo alcanzado.
Tenían un estado organizado y expansionista, con sistema de tributación.
Existían esclavos a causa de crímenes y guerra, que trabajaban como
servidores domésticos o peones agrícolas en tierras comunales.
Tal esplendor provocó luchas internas por la supremacía territorial y abrió la
puerta a constantes invasiones árabes, que a la postre frenaron el desarrollo
de la sociedad yoruba.
Al llegar los primeros portugueses a las costas de Nigeria en el siglo XV
encontraron a la sociedad yoruba desorganizada en pequeños reinos
independientes. Dicha cadencia se acentuaría en los siglos siguientes. Un
relato de 1701 señala que (para esa fecha) la ciudad de Benin apenas conservaba
un pálido reflejo de su antiguo esplendor. Otros observadores expresan que en
el siglo XVIII y principios del XIX casi toda la nación yoruba estaba envuelta
en sangrientas guerras. Hay que destacar que los yorubas conocieron el
desarrollo urbano más importante de África Occidental. El mayor porcentaje de
esclavos que llegó a Cuba provenía de la región yoruba. Muchos de ellos
pertenecían a la élite social: soldados, políticos, sacerdotes y sacerdotisas,
entre otros; profundos conocedores de su cultura. La influencia
cultural fundamental que ejercieron sobre nosotros fue a través de la
religión. Su panteón de orichas continúa interesando hoy a los estudiosos, por
su vitalidad y presencia.
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